EN ELEGANTE PARADOJA

WEB_CroquisIMG Hidalgo, G. (2015) Croquis del Patio de la Lonja de la Seda. Valencia, España.

Poner en valor, como expresión que atañe íntimamente a las actuaciones vinculadas al patrimonio cultural, se ha vuelto un lugar común. Y muchas de las veces que la escuchamos, ya, no nos dice nada. Ello ocurre, por ejemplo, cuando se la emplea en términos genéricos, cuando lo que se destaca son los valores de un bien deducidos desde una convención, y no después de haber, al menos, intentado el esfuerzo de destilar el entendimiento actualizado de los atributos de ese bien. La convención surge del cliché. Análogo al que acechaba a los estudiantes más destacados de la Academia que viajaban becados, a Grecia o a Roma, a dibujar las ruinas de épocas tan lejanas como inciertas. Y al hacerlo, repetían en sus acuarelas y lavados el canon de un pasado momificado, resumen y compendio de un conocimiento que, a fuerza de reiterado, se había vuelto «tan duro y eterno»1 como las mismas piedras derruidas –y en no pocas ocasiones expoliadas– del monumento. Como un pesado lastre, ese conocimiento solidificado más que conferir clarividencia, les impedía ver.

Así considerado, este punto de vista le añade un nuevo sentido al papel que Salvatore Settis le asignara al olvido: «si el olvido es una forma suprema de memoria, como afirma Jorge Luis Borges en elegante paradoja, quizá por eso, en un relato del mismo autor, Homero, condenado a una inmortalidad intolerable, ha olvidado, sabiamente, hablar, transformándose […] en un viejo inculto y salvaje que rehúsa, o no sabe, responder a las preguntas que se le hacen. Pero a unos nuevos interlocutores que no le pidiesen sólo el fastidioso tributo de un ‘clasicismo’ perpetuamente igual, quizá podría Homero, recuperando el uso de la palabra, haberles relatado con pasión y fuerza las aventuras de Aquiles y Ulises».2

La puesta en valor, que exige el olvido como suprema forma de memoria, y en elegante paradoja, consistiría pues en barajar, ante todo, el arco de posibilidades interpretativas que brinda el presente, confiando en las capacidades cognitivas tanto de la mirada como de la memoria.3 Lo que significa, considerar el bien desde su ineludible actualidad, atendiendo a la disponibilidad de los recursos materiales e intelectuales que, en el ahora, nos son propios. La puesta en valor se debe entender y ejecutar, así, bajo la tensión que se suscita entre el reconocimiento de lo que hemos llegado a ser, el talante de nuestro tiempo, y los atributos del bien que nos ocupa. Á

 

GERMÁN HIDALGO HERMOSILLA
Arquitecto, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1991.
Doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura, ETSAB, Universidad Politécnica de Cataluña.

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1 «Para alcanzar el conocimiento, hay que ir tropezando con palabras que se han vuelto duras y eternas como piedras y es más fácil romperse una pierna al tropezar con ellas que destruir una de esas piedras». Nietzsche, F. Aurora, p. 34.
2 Settis, S. (1990) Tema y no-tema, en su: La tempestad interpretada. Madrid: Akal, p. 8. El texto de Borges es El Inmortal, en cuyo epígrafe se lee: Salomon saith. There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Salomon giveth his sentence that all novelty is but oblivion. Francis Bacon, Essays I. VIII.
3 Quetglas, J. (2002) «Pintores arquitectos», en su: Pasado a limpio I. Girona: Pre-textos, p. 146.

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